Buenas!! Que tal va todo? Yo estoy como siempre, devorando libros y amando personajes ficticios. Y, como no, ya era hora de escribir sobre estos seres que se nos antojan perfectos o imperfectos, lejanos o cercanos, previsibles o imprevisibles. Aquellos que nos han hecho llorar, reir y amar.
Este relato es más personal, más mío, pero estoy segura que muchos/as lectores y lectoras se sentirán identificados.
"Un dato curioso cuando comienzas un libro, es que a la primera palabra de cada personaje sabrás que relación tendrás con él: de odio hasta amor, de risas hasta lágrimas. Los personajes ficticios tienen el magnífico y fatídico poder de entrar en nuestros corazones y recordarnos cada minutos de nuestra existencia que nunca podremos verles, tocarles, hablarles. Simplemente podremos imaginarlos en nuestras mentes, e ir rememorando cada frase, sentimiento, movimiento: desde una pelea hasta un beso, desde un sollozo hasta una sonrisa.
Todo en nuestra cabeza. Sin pertenecer enteramente a la realidad. Vivieno aventuras en nuestro mundo imaginario. Nada más.
Pero quizás, esta pequeña conexión con los personajes ficticios tiene un gran punto negativo: las consequencias. Si sufre, sufrimos. Si llora, lloramos. Si muere, una pequeño hueco de nuestro corazón se pierde, se desmorona en esas páginas. Y puedo aseguraros –por experiencia propia- que no se vuelve a recuperar.
Si, gracias a sus habilidades o a su suerte, consigue sobrevivir y superar su aventura, su vida finalizará en la última página del libro. Ni un año, ni un mes, ni una fecha siquiera: simplemente un número, que marcará el final del libro y por tanto, el fin de su existencia en aquel mundo.
Aun así, a pesar de todo, siempre podrán retomar vida en nuestras mentes, viviendo en nuestro mundo fantastico, realizando nuestras propias aventuras. Quizás esto es a lo que mas se acercan a la realidad"
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