lunes, 18 de marzo de 2013

No lo podía creer (parte 1)

Antes de todo me gustaría dar las gracias a todas las personas que se han interesado por mis relatos. ¡Me alegro mucho que os hayan gustado!
Hoy presentaré un relato que partiré en dos (mañana la siguiente parte). ¡Espero que lo disfrutéis!

No podía creer que la caja siguiera allí. Pensaba que el tiempo se la abría llevado consigo, pero no, seguía en el mismo lugar, como si todo estuviera congelado a su alrededor.
Nunca pensé contarlo –pues no soy muy buena respecto a los sentimientos- pero, de alguna forma, siento una opresión en el corazón, que me dice que debo contarlo, que no me lo puedo callar para siempre.
Todo empezó cuando fui de viaje a África. En aquellos tiempos era una “chica viajera” y me entusiasmaban los exóticos lugares de aquel continente.
Exactamente, aquella noche estaba buscando mi hotel. Era un chica un tanto despistada, así que no os va a extrañar que diga que me perdí.
Entonces apareció él.
Era joven, rubio, de ojos azules e irradiaba tanta simpatía y felicidad que no pude evitar sentir una opresión en el estomago.   Se presentó –su nombre era Nathan- , me dijo que me había visto, que parecía perdida, y que quería ayudarme.
Me acompañó al hotel. Por el camino, habíamos hablado y él se había ofrecido a hacer de guía en mi viaje. Claramente, acepté.
Fueron unos días maravillosos. Descubrí muchos paisajes fantásticos y además, mi relación con Nathan aumentó. Encajabamos muy bien y, rápidamente, nos convertimos en buenos amigos.
Pero el último día, todo parecía haber acabado y todavía ninguno de los dos habíamos confesado nuestros sentimientos hacia el otro.
Era una tarde magnífica. El sol se escondía detrás de las montañas, y resplandecía pintando el cielo de color naranja. Me senté en una roca, admirando aquel paisaje espectacular.
Oí unos pasos detrás mía. Era Nathan, y su cara tenía una expresión sombría. Se sentó a lado mía en silencio...

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