jueves, 21 de marzo de 2013

Solo


Abro los ojos.
Mi mente –desorientada- tarda unos minutos en saber dónde y cómo estoy: al parecer, herido, en la nada. Seguramente mi estado se debe a una caída. En cuanto al espacio que me rodea, solo diviso tierra, tierra y tierra.
Me levanto.
Miro al suelo, donde veo mi espada hecha de rayos de luna y mi cuchillo hecha de relámpagos, intactas. A su lado, está mi armadura hecha añicos; no debe de haber resistido el golpe.
En un lugar lejano, escucho gritos de agonía, agobio y desesperación.
Cojo mis armas.
Sigo adelante, guiándome a través de aquellos gritos que me ponen los pelos de punta y me enfrían la sangre que circula por mis venas.
Porque se, que ahora, estoy solo.

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