domingo, 30 de marzo de 2014

"Dejame conocerte..."

¡Buenas! ¡Ya hacía tiempo! Por eso, para compensaros, voy a dedicarme a otra "series de relatos". Como los últimos temas de los que escribía eran de odio, furia, etcétera, pensé en dedicarlos a un tema que deje un poco apartado (jejejeje).
¡Espero que os guste!

"Podría haberlo matado. Lo sabía. Quizás podría haberlo congelado, o podría haberlo enviado tan lejos para que no lo pudiera ver en toda su eternidad. Su poder de elfa se lo permitiría. Pero no lo hizo.
-¿Dónde vamos? –preguntó una voz dulce pero decidida. Si para la mayoría de mortales, aquella era una voz encantadora, a ella solo le inspiraba ganas de matar a su emisor.
No respondió. A Naida no le gusta hablar. El silencio le parecía reconfortante, un refugio donde esconderse de la dura realidad. Sometida a una gran presión, ni siquiera aquel arquero podía sacarla de su habitual frialdad.
-Te lo ruego, contéstame –dijo con un toque de desesperación- Confía en mí, por favor.
Si despertó su amabilidad, Naida nunca lo admitiría. No admitiría que aquel joven arquero que le acompañaba le llamaba la atención. Nunca.
-Yo no confió en nadie. Deberías habértelo cuando decidiste seguirme –contesto sin mirarlo, aunque la elfa era consciente de aquellos ojos verdes posados en ella- Más bien, deberías apartarte de mi camino...
-Te debo mi vida. Me salvaste, y es mi deber cumplir esta tarea contigo. Ahora no habrá mayor honor que morir por esta causa –hizo una pausa, esperando una respuesta- Creeme –añadió, aunque la respuesta de Naida no llegó.
Estaba demasiado ocupada sumida en sus pensamientos.
Debería aguantar aquellos durante días. Y luego, ¿qué? Ella daría fin a su vida, así se lo habían dicho. Su interposición en el camino de una bestia que iba dirigido hacia él solo había sido un movimiento calculado entre muchos. ¿No era ese su destino? ¿Iba a desobedecer las órdenes de sus superiores por un simple encaprichamiento sin importancia? Y sabía que aunque su corazón –todo su ser- protestara, siempre ganaría su increbrantable sentido de lealtad.
Una brisa de aire azotó sus túnicas. Naida cuidó que su capucha siguiera cubriéndole el rostro. Pero aquello no era lo que más le importaba. No habría sospechado de nada si no fuera porque los matojos empezaron a moverse y una gran sombra se cernía sobre ellos inevitablemente.
Al principio pensó que era un gigante. Inmediatamente después, percibió una metamorfosis. Ahora parecía un humano. No fue hasta que alzó la vista cuando descubrió que su forma humanoide solo era una pincelada de lo que en realidad era su aspecto. Negro y con las cavidades correspondientes a sus ojos vacías, se alzaba sobre ellos susurrando extrañas palabras.
-Por todos los... –susurró el arquero, que se encontraba en una distancia prudente de ella.
Naida sufrió un escalofrío en la columna. Luego en los brazos, en las piernas... Su cuerpo empezó a ralentizarse, y su consciencia a disminuir. Los latidos de su corazón ya no eran tan evidentes, y le asaltó el temor de que pudiera pararse en cualquier momento. Su acompañante parecía sentir lo mismo, pues parecía haber perdido el control de su cuerpo.
Invocó la magia.
Nada. Ni la más remota señal. Aquel monstruo se acercaba cada vez más, dispuesto a consumir sus almas, pero la elfa no quería morir. Ahora no.
Se concentró y empezó a contar; Uno, dos, tres... Otros escalofrío. Cuatro, cinco, seis... Una consciencia comenzando a perderse. Siete, ocho, nueve... Un estallido en su interior, una sensación doloroso y un único rostro...
Diez.
Sintió como las ondas llenas de magia salían liberadas de su cuerpo y llegaban a su enemigo. La tierra tembló, quizás por la cantidad de energía que había liberado. Pero a ella no le importaba. Su campo de visión se volvió rojo y cayó al suelo, incapaz de moverse. Se sumió en un sueño profundo; esta vez sin pesadillas.
* * *
Unas manos suaves se posaban en su frente. Eso es lo primero que notó al despertarse.
No necesitó abrir los ojos para notar el cálido aliento del arquero en su nuca. Sabía, con cierto enojo, que su capucha ya no la cubría y que él ya había visto su rostro. Se levantó con tal rapidez que el arquero se apartó de su lado para volver a acercarse.
-Debes descansar –dijo, con aquella voz que intentaba odiar. La volvió a tumbar, mientras ella lo recorría con la mirada.
Nada le tapaba la cara. Su cabello castaño, largo, caía libre sobre su cuello. Sus ojos verdes la miraban con un brillo especial, que ella no pudo describir. Solo pudo pensar que eran la viva imagen del bosque en el que había vivido, lo que se resumía a que eran acogedores, odiosamente acogedores. Su túnica, negra y verde –como sus ojos- dejaba a la vista su cuello y su brazos. Una cicatriz le recorría el labio y un lateral de su cara.
Era hermoso. Y ella lo odiaba por ello.
Pero ella tampoco le iba a la zaga. Él admiró embelesado su pálido rostro, y el largo cabello negro que le caía en bucles en la espalda, cubierto por algunos pétalos blancos. Se fundió en sus ojos azules, brillantes como el reflejo del sol en el mar. Sintió un cosquilleo en su estómago que se extendió a todo el cuerpo. Se estremeció.
-¿Cuánto tiempo llevo aquí? –dijo ella evitando sus ojos- ¿Qué haces aquí?
Se sentó a su lado, antes de que ella soltara un tembloroso suspiro.
-Llámame por mi nombre –aclaró él, sintiéndose un poco estúpido. ¡Como si a una elfa le importara su nombre!
Ella lo miró ocultando su sorpresa. Empezó a contruir una barrera entorno su corazón a prueba de él. Se preguntó si funcionaría. Todavía no podía creer... No quería creer que estaba pasando lo que no debía pasar. Su objetivo era prioritario. No podía permitirse aquello. Y por eso, no respondió.
-Mi nombre es Yves. “Arquero”. Ya estaba destinado a serlo antes de que naciera, ¿sabes? Es extraño como el destino...
-...Rompe todo tipo de esperanza y hace de tu vida una pozo oscuro del que no puedes subir, ni escapar nunca. Cruel, pero no hay más opción –susurró ella; un susurro melodioso pero triste.
-Hay amargura en tu voz. Pero seguramente –añadió rápidamente- No te importa. Ni siquiera sé porque te digo esto. Debes de estar cansada. Duerme.
A ella no se le ocurrió nada que decir, así que dio la conversación por terminada. No se le ocurrió pensar que él la iba abandonar a su suerte mientras dormía. No tenía razones para pensarlo.
Y mientras cerraba los ojos, sintió como de aquella muralla caían dos o tres ladrillos. Cerró los ojos e inconscientemente, murmuró tan flojo que solo le pudo oír él...
-Naida
-¿Cómo? –susurró él a su vez, acercandose.
-Mi nombre –respondió somnolienta.
Y dicho esto, durmió. Y soñó con un joven de pelo castaño y ojos verdes que velaba por ella, bajo una gran muralla que empazaba a desvanecerse en añicos."

Este relato se lo dedico a Blanca, mi parabatai, que siempre está ahí para leerme. Al igual que a mi familia, que me ayudan y animan a escribir.

lunes, 17 de marzo de 2014

Matar por matar

¡Hola a todos! Ya se que escribo menos pero es que entre los exámenes y todo... Imposible. Siento muchísmo la espera y valoro vuestra pacencia.
¡Un saludo!

"Finn sabía soportar bien el dolor. Lo bastante para saber que no iba a parar hasta que muriese. Escondidas en el fondo de su corazón, despreciadas y evitadas; allí estaban todas las desgracias que podrían haberlo hecho retirarse de su plan malvado.
Pero él era inmune a aquellos sentimientos. Débiles, pero lo bastante inteligentes para llevarte a la derrota, solía decir con amargura. Había decidido no sentir más que odio, y para conseguirlo, iba a contruir su propio mundo con odio, miedo, terror y crueldad. La bondad y la generosidad no existirían. ¿Para que? Aquello solo debilitaba a la gente y disminuía su valor. Necesitaba personas que odiaran con él, destruyeran con él, y encontraran placer al notar aquel sabor amargo en la oca que indicaba la presencia de la oscuridad en tu alma.
Y aquel era el momento de hacer realidad su sueño.
Miró el botón que ordenaría a sus soldados actuar. Con una expresión risueña lo acarició. Sentía como el poder que antes había gobernado su mente volvía, sintió su espada en el cinturón y por primera vez en años deseo utilizarla. Muchos hubieron jurado ver un destello en sus ojos, en la oscuridad más absoluta.
Apretó el botón.
Donde unos minutos antes había estado una ciudad bonita y libre de peligro, ahora solo quedaban restos ardientes. Lo que antes había sido el ruido bullicio de la gente, ahora eran sus gritos. Esbozó una sonrisa llena de locura y un poco diabólica.
Había muerto tiempo atrás. Había sido cortado en pedacitos, olvidado, sobrestimado. Ya no era un peligro. Insultado y repudiado, tal y como lo hacían cuando era un niño. ¡Ja! Todavía se acordaba de aquellas burlas que lo habían marcado. Si aquellos niños supieran que lo que vieron no era ni la mitad de todo él... Si supieran la truculenta historia de la que sería protagonista unos años después... Ahora, recién resurgido de las cenizas, con miles de sus sirvientes más fieles atacando el mundo, decidió regodearse de su venganza.
Bajó del montículo en el cual había observado el comienzo de su victoria y entro en la ciudad. Cualquiera se habría desmayado de aquella matanza, pero Finn no lo hizo. Su corazón se alimentó de todo aquel miedo que había conseguido despertar.
Aquel hombre que era un loco. La verdad es que simbolizaba la locura hasta un punto que la contagiaba a los demás. Su pelo podía ser tanto negro como la maldad que lo dominaba como rojo al igual que el fuego que había desencadenado.
Una mano se aferró a su tobillo. Negra y llena de manchas rojas, lo que luego distinguió como carbón y sangre.
Finn desenvainó su espada y acuchilló sin piedad al moribundo. Esbozó una sonrisa diabólica mientras centraba todo su odio en aquella acción. Pero ni siquiera llegaba a gustarle. La primera muerte siempre lo disgustaba. Aquel hombre no había hecho nada. Ni toda la gente que seguramente estaría agonizando. Pero allí estaba el punto. Matar por matar. Ese era el juego en el que había decidido participar.


Dirigió su ira a otra persona. Y a otra. Y otra... Sus manos estaban totalmente manchadas de sangre. Sus brazos tampoco se salvaban. Se habría sentido decepcionado si no fuera así. Su pelo se pegaba a su cara y cuello por el sudor. Su camiseta había quedado desgarrada y lo que quedaba estaba llena de polvo.
No importaba mucho.
-Señor –dijo uno de sus soldados, con un uniforme totalmente negro- No queda nadie. Todo está muerto.
-Rastrea la siguiente ciudad. Dirige las tropas hacia allí
-Pero...
-Me da igual el tiempo. Destruidlo todo. Matadlos a todos. No quiero a nadie vivo.
-Sí señor.
El soldado desapareció dejando a Finn solo, como siempre. A veces pensaba que la única compañía que tenía era la oscuridad que vivía en él. Los otros soldados... Eran solo las herramientas necesarias para conseguir su fin, nada más. Sabía que algunos de jactaban de su acercamiento, pero aquello no era más que una ilusión. Si debía matarlos, lo haría sin pensarlo dos veces.
 Caminó hasta salir de la que antes había sido su ciudad. En las afueras le esperaba un vehículo azul. Se subió en él, no sin antes echar una ojeada al humo que todavía salían de los escombros ardiendo.
Suspiró. Aquello solo era el comienzo. Pronto llegaría el fin, y no solo de su objetivo. De toda la humanidad."

sábado, 8 de marzo de 2014

El enemigo eterno

¡Hola a todos! Esta vez os presentó un relato de unos de mis lectores que sinceramente me ha encantado... ¡Un saludo!

Caminaba con los pies entumecidos y ensangrentados dentro del barro , mientras el sol se ponía sobre las ruinas de la ciudad haciendo  que la oscuridad se apoderara de los edificios y rascacielos que antiguamente simbolizaron el poder de un gran imperio . El viento frío acariciaba cruelmente las heridas de mi pecho haciendo que los huesos de mi cuerpo pesaran más con cada paso que daba. El dolor de mi cuerpo aumentó y provocó que cayese sobre un húmedo charco helado pero no tenía ni sensación de frío ni de humedad, sinó de una impotencia provocada  al contemplar que el tiempo, uno de los enemigos mas implacables de la humidad, me indicaba que a mi ser le quedaba poco para que me lleguara la hora y lo hacía mostrando mi rostro que la blancura del tiempo había sustituido mi cabello  rojizo y al mismo tiempo los ojos azules ahora eran grises y mis manos se habí vuelto arrugadas y duras como las rocas; mi pecho oscurecido juntamente con mis cicatrices que han perdido su rojizo carmesí.  No permitiría que esto acabara conmigo porque estaba cerca de acabar mi cruzada y recuperar lo que me fue arrebatado desde hace mucho tiempo . He perdido amigos , seres queridos y familiares que no podre recuperar, pero con el filo de mi espada destruiré las puertas deltiempo y haré que todo vuelva a la normalidad .
Ahora estaba delante de las majestuosas puertas del tiempo echas de plata y oro con incrustaciones de rubís rojos que mostraban el futuro de cualquier persona que mirara esas joyas; pero yo no iba a mirar. Esas rocas sabían que mi  futuro estaba sellado desde hace mucho tiempo y ninguna piedra podría cambiar lo que ya estaba destinado.
Subí  el primer el peldaño y en un solo instante mi cuerpo cayo al suelo atraído por una fuerza  sobrehumana. Intentaba levantarme con todas mis fuerzas pero mi viejo cuerpo no respondía a nada En unos pocos segundos apareció delante mía un joven de piel tostada con una camisa blanca de que marcaba sus pectorales. Iba con unos pantalones de traje negro que iban a juego con unos mocasines del mismo color. Sucabello era blanco como la plata más pura y sus ojos eran verde cristalino. En sus hombros había dos enormes alas negras con plumas que parecían tan duras como el acero y emitían una aura de respeto y belleza inexplicables .
Aquel joven se agacho  lentamente con gran elegancia hacia mi y dijo 
-Otra vez lo mismo. Ya llevamos una eternidad y sigues sin entenderno que nunca podrás destruir esas puertas – dijo con una voz dulce y serena.
-¿Quien eres? -dije confundido. Rápidamente se levantó de mi lado.
-Pronto lo entenderás... Una pena que mi hermano te halla condenado a esto... – dijo con una voz ruda combinada con un toque de tristeza .
El joven hizo un chasquido con sus dedos que emitieron una luz que cegó mis ojos por un momento y cuando los volví abrir me encontré en una sala totalmente azul celeste  con estampados de patitos amarillos. Yo estaba en una especie de cuna gigante; intenté salir de aquella cuna pero mis brazos y piernas se habían vuelto pequeños y frágiles al igual que todo mi cuerpo . En la parte superior de la cuna se asomo una mujer de veinticinco años de piel fina con un cabello castaño rizado que hacia conjunto con sus gafas negras verdosas y con unos grandes labios rosados .
Aquella mujer era extraña mujer que me era familiar pero no sabía de donde así que intente hacer  memoria pero durante un par de segundos no se me ocurría nada. Luego me acordé que  aquella mujer era mi madre, y ahora entiendía a lo que se refería aquel desconocido que estaba en las puertas. 
Mi cruzada nunca acabaría porque siempre empezaría en el punto de partida de mi vida, ahora entiendía que mi vida siempre sería un simple juego contrareloj  para alguien superior y que nunca podría derrotar al tiempo infinito.

domingo, 2 de marzo de 2014

Venganza...Resuelta

¿Preparados para adentraros en la mente de Connor?  ¡Disfrutad!

PD: Dentro de poco, el relato de un lector será publicado... ¡Estad atentos! Y pensad que cualquiera puede enviarme sus escritos; todo lo encontraréis en la zona de "Contacto" y la de "Mándame tu relato".

"Aguardó en una esquina, escondido entre las sombras, hasta que un pequeño rayo de luz apareció en el cielo. Era una especie de símbolo; un círculo y en su interior, una línea que lo cruzaba. Sin duda, la señal.
Se levantó. Parecía un joven normal, unos vaqueros, una camiseta negra y una chaqueta de cuero marrón. Su pelo rubio quedaba cubierto por una capucha, a excepción de algún mechón rebelde. Sus ojos, negros a la luz de la luna, intentaban ocultar el miedo exitosamente. Su mirada y sonrisa desafiantes –ensayadas y perfeccionadas por la práctica- junto con su atuendo, eran el disfraz y la confianza en la que aferrarse.
Una vez se hubo asegurado que no había nadie más en la calle, echó a correr. 38. Calle Blanca. Elimina a quien tu sabes y tendrás tu recompensa. Sí. Parecía que la vida no le iba a dejar un respiro. Connor esperaba morir temprano para no llegar a lamentarse de sus acciones. ¿Pero que más le quedaba?
-¡Eh! ¡Espere! –un policía corría hacía él- Esta calle está cortada. No puede pasar. Ya puede irse o me veré obligado a detenerle.
Connor se sintió estúpido. Le habían dicho que tuviera cuidado; silenciosamente, debía entrar en la gran mansión. Obviamente, Matt había tomado medidas y puesto vigilancia en su calle. Las amenazas no habían hecho más que dificultarle el camino.
-¿No me ha oído? ¡Fuera de aquí! –el hombre se llevó la mano a la espalda y el joven creyó atisbar el reflejo de una pistola. No espero más. Le cogió del cuello y lo dejó inconsciente. Solo tenía que matar a una persona hoy, a nadie más.
Siguió caminando hasta llegar a unas grandes puertas metálicas, se subió en ellas con decisión y saltó al otro lado. Se escondió en uno de los varios arbustos del jardín.
-A estas horas debería estar durmiendo, no vigilando esta estúpida mansión.
-Con lo que nos pagarán, ten por seguro que podrás dormir una semana entera.
La conversación de los dos hombres se producía cerca de Connor, que la escuchó inquieto. “Plan de emergencia”, pensó barajando sus posibilidades.
Notó en su chaqueta la bomba de humo, su única defensa a unos tipos totalmente armados y más profesionales. Se obligó a centrarse: si la tiraba quedarían inconscientes y entonces... No se lo pensó dos veces.
-¿Qué es lo que... –uno de los hombres empezó a toser violentamente- ¡Maldito...! –sin acabar su frase, al igual que su compañero, cayó tendido en el suelo.
Connor se aseguró de su letargo, los escondió y corrió hasta llegar a las puertas. Nadie parecía haber notado la humareda unos minutos antes, una ventaja que iba a usar gustosamente. Ya era hora de acabar con aquello. Quería volver a casa, por mediocre que fuera, y seguir cuidando de lo que quedaba de su familia. Aunque... ¿No lo estaba haciendo ya? Toda su vida era una sacrificio a ellos. Si él iba a morir, mejor no hacerlo en vano. Mejor asegurar la vida de sus más queridos. Mejor vengar aquel que los había atormentado injustamente.
Una elegante fuente se alzaba en el centro de la magnífica y enorme estancia. El suelo, de mármol; la pared pintada con tal belleza que Connor podría quedarse la eternidad mirando: miles de estrellas, héroes, reyes, dioses, pueblos, lunas, soles... La obediencia, el sacrificio y el honor eran representados por esas imágenes.
Subió las escaleras silenciosamente. No se oía ningún ruido. Varios cuadros adornaban la habitación, junto con grandes y hermosas lámparas. El miedo empezó a cubrir la cara de Connor, pero su expresión desafiante permanecía firme.
Otras escaleras y el joven escuchó una leve música. A cada paso, las notas eran más fuertes y claras. No distinguió la melodía, pues el colegio no había sido una opción para él. Siempre cargando el peso; comprendiendo a Atlas, el titán, aunque él no había hecho nada malo para merecer aquel castigo.
Se asomó levemente en la puerta donde provenía el ruido; vislumbro una encorvada y delgada figura, tocando el piano. Fijo más la vista y distinguió un cabello negro desgastado por la edad. El odio le inundó y sintió ganas de destruir aquella casa, volver atrás en el tiempo y volverla a destruir, con aquel hombre dentro.
Se pegó a la pared y cerró los puños con el fin de tranquilizarse. Tenía que pensar. Su objetivo estaba envejecido; él era joven, más fuerte y con una gran ventaja: él sabía lo que iba a pasar. Solo debía actuar con rapidez, una vez hecho, solo tendría que escapar.
Otro asunto que ya arreglaría en su momento.
Abrió la puerta.
-¡Por fin! ¿Te perdiste en el camino? Deberías saber que... es de mala educación llegar tarde a una cita, por no hablar de eliminar a casi todos mis guardas –dijo una voz grave  e irónica- Suerte que yo ya hice los preparativos.
Connor se fijó en un objeto detrás de  o más de uno: grandes botes de gasolina cubiertos de explosivos. La sangre se le heló en las venas.
-¿Qué...
-...es esto? Um, digamos que cierto contacto me avisó de tu llegada. Sabía que al final no harías nada, pues tu buen corazón corrompe la maldad. Pero deseaba  montar un pequeño espectáculo, ¿sabes? De esta manera me aseguro que veas como fracasas... Otra vez.
Connor se lanzó hacia él, lleno de furia. Tal fue su golpe que los dos cayeron cerca del bote de gasolina. El joven lo sujetó a su contrincante con las piernas y agarró su cuello con las manos, pero el otro no hacía más que reír.
-¿Enfadado? ¿Sorprendido? Creías que aquellos mensajes de tus amiguitos surtirían efecto. ¡Ja! “Danos el dinero o morirás”, “la muerte te busca, desgraciado” –citó mientras se reía a carcajadas- No te preocupes, pagarán el doble de las deudas que tienen conmigo.
<<Pero hablemos de mi intuición. Supuse que te usarían a tí. ¿Quién sino? El eterno vengador. El más fácil de convencer para cargar la culpa.>>
-Callate –ordenó aparentando tranquilidad.
-Ahora tu capucha ni tu porte te salvarán...
-¡Callate! –le chilló. Connor nunca pensaría que semejante grito saldría de su boca, pero aquel hombre le estaba volviendo loco. O más loco de lo que ya estaba.
Pero eso no era toda la explicación a la reacción del joven. Generalmente no reaccionaba así; tan de repente y agresivo. Se lo tenía impuesto, no quería volverse despreciable. Pero aquella norma de comportamiento no se aplicaba para cuando tenías enfrente un bote repleto de explosivos... Que explotará en dos minutos.
-¡Te pillé!
El hombre se escapó de su agarre y le pegó un cabezazo. El mundo de Connor empezó a ser nubloso y confuso. Su campo de visión estaba teñido de rojo. Un cuchillo clavado en su brazo no formaba parte de su plan. ¿La verdad? Nada tenía sentido.
Cayó al suelo, sin ganas de levantarse. Lo único que deseaba era descansar, dormir sin pesadillas ni gritos, y sobretodo, con aquellos recuerdos dolorosos borrados. Un disparo, el cuerpo de su padre inerte, su madre víctima de un mal incurable, pues aquel corazón roto en añicos no podía volverse a pegar... Al igual que el suyo.
-Bueno, amigo mío. Yo no saldré de aquí, ya he tenido vida suficiente. Pero tú... perecerás sabiendo que contigo todos los que quieres. Y esa, es la peor muerte que puedo darte.
La rabia le inundó. Su cuerpo, antes helado, ahora estallaba en llamas. Podía sentir la fuerza dentro de él y un solo pensamiento: Vivir.
Se sacó el cuchillo del brazo mientras gemía de dolor, pero Matt no se daba cuenta. Estaba bastante ocupado tocando el piano regodeándose de su victoria. Pensaba que estaba derrotado. Que se había rendido.
Y nadie que conociera a Connor pensaría eso.
Un minuto.
-¡Eh! –le gritó desafiante.
El hombre se levantó del asiento y se acercó a él.
-¿Quieres otro golpe? No me faltarán ganas.
Se preparó.
-Pero si neuronas
Tiró el cuchillo. Temió fallar el tiro, situación donde todo estaría perdido. Pero no era el caso. Matt esbozó una mueca, las pupilas se dilataron y cayó. El suelo estaba lleno de sangre.
-Por mi padre –dicho esto, abrió la primera ventana que encontró y se tiró por ella, unos segundos antes de que la mansión explotara.
No fue una caída agradable. No podía serlo después de tirarse de tres pisos. Sin tener en cuenta que todo había explotado y Connor se había visto lanzado unos metros más allá de lp que él había calculado. Nada más tocar el suelo, sintió su pierna derecha desvanecerse.
Se obligó a continuar. Vio ante él una vida mejor de la que habían tenido. Vio risas, felicidad, tranquilidad... Unos pasos más y todo habría acabado. Suspiró. Era la última etapa para llegar a su victoria.
Miró atrás. La casa se había desmoronado, rodeada de las llamas. Y sabía que en el fondo, una figura se hallaba a salvo. Coja y lleno de sangre, pero al fin y al cabo, con una venganza resuelta y el comienzo de una vida nueva."