domingo, 2 de marzo de 2014

Venganza...Resuelta

¿Preparados para adentraros en la mente de Connor?  ¡Disfrutad!

PD: Dentro de poco, el relato de un lector será publicado... ¡Estad atentos! Y pensad que cualquiera puede enviarme sus escritos; todo lo encontraréis en la zona de "Contacto" y la de "Mándame tu relato".

"Aguardó en una esquina, escondido entre las sombras, hasta que un pequeño rayo de luz apareció en el cielo. Era una especie de símbolo; un círculo y en su interior, una línea que lo cruzaba. Sin duda, la señal.
Se levantó. Parecía un joven normal, unos vaqueros, una camiseta negra y una chaqueta de cuero marrón. Su pelo rubio quedaba cubierto por una capucha, a excepción de algún mechón rebelde. Sus ojos, negros a la luz de la luna, intentaban ocultar el miedo exitosamente. Su mirada y sonrisa desafiantes –ensayadas y perfeccionadas por la práctica- junto con su atuendo, eran el disfraz y la confianza en la que aferrarse.
Una vez se hubo asegurado que no había nadie más en la calle, echó a correr. 38. Calle Blanca. Elimina a quien tu sabes y tendrás tu recompensa. Sí. Parecía que la vida no le iba a dejar un respiro. Connor esperaba morir temprano para no llegar a lamentarse de sus acciones. ¿Pero que más le quedaba?
-¡Eh! ¡Espere! –un policía corría hacía él- Esta calle está cortada. No puede pasar. Ya puede irse o me veré obligado a detenerle.
Connor se sintió estúpido. Le habían dicho que tuviera cuidado; silenciosamente, debía entrar en la gran mansión. Obviamente, Matt había tomado medidas y puesto vigilancia en su calle. Las amenazas no habían hecho más que dificultarle el camino.
-¿No me ha oído? ¡Fuera de aquí! –el hombre se llevó la mano a la espalda y el joven creyó atisbar el reflejo de una pistola. No espero más. Le cogió del cuello y lo dejó inconsciente. Solo tenía que matar a una persona hoy, a nadie más.
Siguió caminando hasta llegar a unas grandes puertas metálicas, se subió en ellas con decisión y saltó al otro lado. Se escondió en uno de los varios arbustos del jardín.
-A estas horas debería estar durmiendo, no vigilando esta estúpida mansión.
-Con lo que nos pagarán, ten por seguro que podrás dormir una semana entera.
La conversación de los dos hombres se producía cerca de Connor, que la escuchó inquieto. “Plan de emergencia”, pensó barajando sus posibilidades.
Notó en su chaqueta la bomba de humo, su única defensa a unos tipos totalmente armados y más profesionales. Se obligó a centrarse: si la tiraba quedarían inconscientes y entonces... No se lo pensó dos veces.
-¿Qué es lo que... –uno de los hombres empezó a toser violentamente- ¡Maldito...! –sin acabar su frase, al igual que su compañero, cayó tendido en el suelo.
Connor se aseguró de su letargo, los escondió y corrió hasta llegar a las puertas. Nadie parecía haber notado la humareda unos minutos antes, una ventaja que iba a usar gustosamente. Ya era hora de acabar con aquello. Quería volver a casa, por mediocre que fuera, y seguir cuidando de lo que quedaba de su familia. Aunque... ¿No lo estaba haciendo ya? Toda su vida era una sacrificio a ellos. Si él iba a morir, mejor no hacerlo en vano. Mejor asegurar la vida de sus más queridos. Mejor vengar aquel que los había atormentado injustamente.
Una elegante fuente se alzaba en el centro de la magnífica y enorme estancia. El suelo, de mármol; la pared pintada con tal belleza que Connor podría quedarse la eternidad mirando: miles de estrellas, héroes, reyes, dioses, pueblos, lunas, soles... La obediencia, el sacrificio y el honor eran representados por esas imágenes.
Subió las escaleras silenciosamente. No se oía ningún ruido. Varios cuadros adornaban la habitación, junto con grandes y hermosas lámparas. El miedo empezó a cubrir la cara de Connor, pero su expresión desafiante permanecía firme.
Otras escaleras y el joven escuchó una leve música. A cada paso, las notas eran más fuertes y claras. No distinguió la melodía, pues el colegio no había sido una opción para él. Siempre cargando el peso; comprendiendo a Atlas, el titán, aunque él no había hecho nada malo para merecer aquel castigo.
Se asomó levemente en la puerta donde provenía el ruido; vislumbro una encorvada y delgada figura, tocando el piano. Fijo más la vista y distinguió un cabello negro desgastado por la edad. El odio le inundó y sintió ganas de destruir aquella casa, volver atrás en el tiempo y volverla a destruir, con aquel hombre dentro.
Se pegó a la pared y cerró los puños con el fin de tranquilizarse. Tenía que pensar. Su objetivo estaba envejecido; él era joven, más fuerte y con una gran ventaja: él sabía lo que iba a pasar. Solo debía actuar con rapidez, una vez hecho, solo tendría que escapar.
Otro asunto que ya arreglaría en su momento.
Abrió la puerta.
-¡Por fin! ¿Te perdiste en el camino? Deberías saber que... es de mala educación llegar tarde a una cita, por no hablar de eliminar a casi todos mis guardas –dijo una voz grave  e irónica- Suerte que yo ya hice los preparativos.
Connor se fijó en un objeto detrás de  o más de uno: grandes botes de gasolina cubiertos de explosivos. La sangre se le heló en las venas.
-¿Qué...
-...es esto? Um, digamos que cierto contacto me avisó de tu llegada. Sabía que al final no harías nada, pues tu buen corazón corrompe la maldad. Pero deseaba  montar un pequeño espectáculo, ¿sabes? De esta manera me aseguro que veas como fracasas... Otra vez.
Connor se lanzó hacia él, lleno de furia. Tal fue su golpe que los dos cayeron cerca del bote de gasolina. El joven lo sujetó a su contrincante con las piernas y agarró su cuello con las manos, pero el otro no hacía más que reír.
-¿Enfadado? ¿Sorprendido? Creías que aquellos mensajes de tus amiguitos surtirían efecto. ¡Ja! “Danos el dinero o morirás”, “la muerte te busca, desgraciado” –citó mientras se reía a carcajadas- No te preocupes, pagarán el doble de las deudas que tienen conmigo.
<<Pero hablemos de mi intuición. Supuse que te usarían a tí. ¿Quién sino? El eterno vengador. El más fácil de convencer para cargar la culpa.>>
-Callate –ordenó aparentando tranquilidad.
-Ahora tu capucha ni tu porte te salvarán...
-¡Callate! –le chilló. Connor nunca pensaría que semejante grito saldría de su boca, pero aquel hombre le estaba volviendo loco. O más loco de lo que ya estaba.
Pero eso no era toda la explicación a la reacción del joven. Generalmente no reaccionaba así; tan de repente y agresivo. Se lo tenía impuesto, no quería volverse despreciable. Pero aquella norma de comportamiento no se aplicaba para cuando tenías enfrente un bote repleto de explosivos... Que explotará en dos minutos.
-¡Te pillé!
El hombre se escapó de su agarre y le pegó un cabezazo. El mundo de Connor empezó a ser nubloso y confuso. Su campo de visión estaba teñido de rojo. Un cuchillo clavado en su brazo no formaba parte de su plan. ¿La verdad? Nada tenía sentido.
Cayó al suelo, sin ganas de levantarse. Lo único que deseaba era descansar, dormir sin pesadillas ni gritos, y sobretodo, con aquellos recuerdos dolorosos borrados. Un disparo, el cuerpo de su padre inerte, su madre víctima de un mal incurable, pues aquel corazón roto en añicos no podía volverse a pegar... Al igual que el suyo.
-Bueno, amigo mío. Yo no saldré de aquí, ya he tenido vida suficiente. Pero tú... perecerás sabiendo que contigo todos los que quieres. Y esa, es la peor muerte que puedo darte.
La rabia le inundó. Su cuerpo, antes helado, ahora estallaba en llamas. Podía sentir la fuerza dentro de él y un solo pensamiento: Vivir.
Se sacó el cuchillo del brazo mientras gemía de dolor, pero Matt no se daba cuenta. Estaba bastante ocupado tocando el piano regodeándose de su victoria. Pensaba que estaba derrotado. Que se había rendido.
Y nadie que conociera a Connor pensaría eso.
Un minuto.
-¡Eh! –le gritó desafiante.
El hombre se levantó del asiento y se acercó a él.
-¿Quieres otro golpe? No me faltarán ganas.
Se preparó.
-Pero si neuronas
Tiró el cuchillo. Temió fallar el tiro, situación donde todo estaría perdido. Pero no era el caso. Matt esbozó una mueca, las pupilas se dilataron y cayó. El suelo estaba lleno de sangre.
-Por mi padre –dicho esto, abrió la primera ventana que encontró y se tiró por ella, unos segundos antes de que la mansión explotara.
No fue una caída agradable. No podía serlo después de tirarse de tres pisos. Sin tener en cuenta que todo había explotado y Connor se había visto lanzado unos metros más allá de lp que él había calculado. Nada más tocar el suelo, sintió su pierna derecha desvanecerse.
Se obligó a continuar. Vio ante él una vida mejor de la que habían tenido. Vio risas, felicidad, tranquilidad... Unos pasos más y todo habría acabado. Suspiró. Era la última etapa para llegar a su victoria.
Miró atrás. La casa se había desmoronado, rodeada de las llamas. Y sabía que en el fondo, una figura se hallaba a salvo. Coja y lleno de sangre, pero al fin y al cabo, con una venganza resuelta y el comienzo de una vida nueva."

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