sábado, 8 de marzo de 2014

El enemigo eterno

¡Hola a todos! Esta vez os presentó un relato de unos de mis lectores que sinceramente me ha encantado... ¡Un saludo!

Caminaba con los pies entumecidos y ensangrentados dentro del barro , mientras el sol se ponía sobre las ruinas de la ciudad haciendo  que la oscuridad se apoderara de los edificios y rascacielos que antiguamente simbolizaron el poder de un gran imperio . El viento frío acariciaba cruelmente las heridas de mi pecho haciendo que los huesos de mi cuerpo pesaran más con cada paso que daba. El dolor de mi cuerpo aumentó y provocó que cayese sobre un húmedo charco helado pero no tenía ni sensación de frío ni de humedad, sinó de una impotencia provocada  al contemplar que el tiempo, uno de los enemigos mas implacables de la humidad, me indicaba que a mi ser le quedaba poco para que me lleguara la hora y lo hacía mostrando mi rostro que la blancura del tiempo había sustituido mi cabello  rojizo y al mismo tiempo los ojos azules ahora eran grises y mis manos se habí vuelto arrugadas y duras como las rocas; mi pecho oscurecido juntamente con mis cicatrices que han perdido su rojizo carmesí.  No permitiría que esto acabara conmigo porque estaba cerca de acabar mi cruzada y recuperar lo que me fue arrebatado desde hace mucho tiempo . He perdido amigos , seres queridos y familiares que no podre recuperar, pero con el filo de mi espada destruiré las puertas deltiempo y haré que todo vuelva a la normalidad .
Ahora estaba delante de las majestuosas puertas del tiempo echas de plata y oro con incrustaciones de rubís rojos que mostraban el futuro de cualquier persona que mirara esas joyas; pero yo no iba a mirar. Esas rocas sabían que mi  futuro estaba sellado desde hace mucho tiempo y ninguna piedra podría cambiar lo que ya estaba destinado.
Subí  el primer el peldaño y en un solo instante mi cuerpo cayo al suelo atraído por una fuerza  sobrehumana. Intentaba levantarme con todas mis fuerzas pero mi viejo cuerpo no respondía a nada En unos pocos segundos apareció delante mía un joven de piel tostada con una camisa blanca de que marcaba sus pectorales. Iba con unos pantalones de traje negro que iban a juego con unos mocasines del mismo color. Sucabello era blanco como la plata más pura y sus ojos eran verde cristalino. En sus hombros había dos enormes alas negras con plumas que parecían tan duras como el acero y emitían una aura de respeto y belleza inexplicables .
Aquel joven se agacho  lentamente con gran elegancia hacia mi y dijo 
-Otra vez lo mismo. Ya llevamos una eternidad y sigues sin entenderno que nunca podrás destruir esas puertas – dijo con una voz dulce y serena.
-¿Quien eres? -dije confundido. Rápidamente se levantó de mi lado.
-Pronto lo entenderás... Una pena que mi hermano te halla condenado a esto... – dijo con una voz ruda combinada con un toque de tristeza .
El joven hizo un chasquido con sus dedos que emitieron una luz que cegó mis ojos por un momento y cuando los volví abrir me encontré en una sala totalmente azul celeste  con estampados de patitos amarillos. Yo estaba en una especie de cuna gigante; intenté salir de aquella cuna pero mis brazos y piernas se habían vuelto pequeños y frágiles al igual que todo mi cuerpo . En la parte superior de la cuna se asomo una mujer de veinticinco años de piel fina con un cabello castaño rizado que hacia conjunto con sus gafas negras verdosas y con unos grandes labios rosados .
Aquella mujer era extraña mujer que me era familiar pero no sabía de donde así que intente hacer  memoria pero durante un par de segundos no se me ocurría nada. Luego me acordé que  aquella mujer era mi madre, y ahora entiendía a lo que se refería aquel desconocido que estaba en las puertas. 
Mi cruzada nunca acabaría porque siempre empezaría en el punto de partida de mi vida, ahora entiendía que mi vida siempre sería un simple juego contrareloj  para alguien superior y que nunca podría derrotar al tiempo infinito.

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