lunes, 17 de marzo de 2014

Matar por matar

¡Hola a todos! Ya se que escribo menos pero es que entre los exámenes y todo... Imposible. Siento muchísmo la espera y valoro vuestra pacencia.
¡Un saludo!

"Finn sabía soportar bien el dolor. Lo bastante para saber que no iba a parar hasta que muriese. Escondidas en el fondo de su corazón, despreciadas y evitadas; allí estaban todas las desgracias que podrían haberlo hecho retirarse de su plan malvado.
Pero él era inmune a aquellos sentimientos. Débiles, pero lo bastante inteligentes para llevarte a la derrota, solía decir con amargura. Había decidido no sentir más que odio, y para conseguirlo, iba a contruir su propio mundo con odio, miedo, terror y crueldad. La bondad y la generosidad no existirían. ¿Para que? Aquello solo debilitaba a la gente y disminuía su valor. Necesitaba personas que odiaran con él, destruyeran con él, y encontraran placer al notar aquel sabor amargo en la oca que indicaba la presencia de la oscuridad en tu alma.
Y aquel era el momento de hacer realidad su sueño.
Miró el botón que ordenaría a sus soldados actuar. Con una expresión risueña lo acarició. Sentía como el poder que antes había gobernado su mente volvía, sintió su espada en el cinturón y por primera vez en años deseo utilizarla. Muchos hubieron jurado ver un destello en sus ojos, en la oscuridad más absoluta.
Apretó el botón.
Donde unos minutos antes había estado una ciudad bonita y libre de peligro, ahora solo quedaban restos ardientes. Lo que antes había sido el ruido bullicio de la gente, ahora eran sus gritos. Esbozó una sonrisa llena de locura y un poco diabólica.
Había muerto tiempo atrás. Había sido cortado en pedacitos, olvidado, sobrestimado. Ya no era un peligro. Insultado y repudiado, tal y como lo hacían cuando era un niño. ¡Ja! Todavía se acordaba de aquellas burlas que lo habían marcado. Si aquellos niños supieran que lo que vieron no era ni la mitad de todo él... Si supieran la truculenta historia de la que sería protagonista unos años después... Ahora, recién resurgido de las cenizas, con miles de sus sirvientes más fieles atacando el mundo, decidió regodearse de su venganza.
Bajó del montículo en el cual había observado el comienzo de su victoria y entro en la ciudad. Cualquiera se habría desmayado de aquella matanza, pero Finn no lo hizo. Su corazón se alimentó de todo aquel miedo que había conseguido despertar.
Aquel hombre que era un loco. La verdad es que simbolizaba la locura hasta un punto que la contagiaba a los demás. Su pelo podía ser tanto negro como la maldad que lo dominaba como rojo al igual que el fuego que había desencadenado.
Una mano se aferró a su tobillo. Negra y llena de manchas rojas, lo que luego distinguió como carbón y sangre.
Finn desenvainó su espada y acuchilló sin piedad al moribundo. Esbozó una sonrisa diabólica mientras centraba todo su odio en aquella acción. Pero ni siquiera llegaba a gustarle. La primera muerte siempre lo disgustaba. Aquel hombre no había hecho nada. Ni toda la gente que seguramente estaría agonizando. Pero allí estaba el punto. Matar por matar. Ese era el juego en el que había decidido participar.


Dirigió su ira a otra persona. Y a otra. Y otra... Sus manos estaban totalmente manchadas de sangre. Sus brazos tampoco se salvaban. Se habría sentido decepcionado si no fuera así. Su pelo se pegaba a su cara y cuello por el sudor. Su camiseta había quedado desgarrada y lo que quedaba estaba llena de polvo.
No importaba mucho.
-Señor –dijo uno de sus soldados, con un uniforme totalmente negro- No queda nadie. Todo está muerto.
-Rastrea la siguiente ciudad. Dirige las tropas hacia allí
-Pero...
-Me da igual el tiempo. Destruidlo todo. Matadlos a todos. No quiero a nadie vivo.
-Sí señor.
El soldado desapareció dejando a Finn solo, como siempre. A veces pensaba que la única compañía que tenía era la oscuridad que vivía en él. Los otros soldados... Eran solo las herramientas necesarias para conseguir su fin, nada más. Sabía que algunos de jactaban de su acercamiento, pero aquello no era más que una ilusión. Si debía matarlos, lo haría sin pensarlo dos veces.
 Caminó hasta salir de la que antes había sido su ciudad. En las afueras le esperaba un vehículo azul. Se subió en él, no sin antes echar una ojeada al humo que todavía salían de los escombros ardiendo.
Suspiró. Aquello solo era el comienzo. Pronto llegaría el fin, y no solo de su objetivo. De toda la humanidad."

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