¡Buenas a todos! ¡Aquí os dejo mi relato! ¡Comentad!
Cuando me caigo, se que algo no va bien en mi pierna.
Estoy enmedio de la calle, de noche. Cuando es tarde, acostumbro a correr para evitar a cualquier persona y a cualquier peligro. Pues esta vez mi truco ha salido mal: ahora mismo, lo único que necesito es que alguien me ayude.
Idiota -pienso en mi cabeza.
Intento levantarme, pero la pierna me duele tanto que no soy capaz. Me quedo allí tendida, esperando la llegada de algún héroe.
Me quedo paralizada cuando una sombra se agacha delante mía.
-¿Te ayudo? –mis ojos se acostumbran a la ocuridad y distinguen un rostro joven, con pelo negro y unos ojos verdes brillantes.
-Hum...eh... –mi cabeza solo puede emitir esos sonidos que me dejan en ridículo. Por alguna razón inexplicable, estoy tan nerviosa que no soy capaz de articular ninguna palabra incoherente.
Él parece comprenderme y me dice:
-Lo tomaré como un sí. No tengo coche, pero el hospital está cerca. Te llevaré allí –dice mientras me coge en brazos. Cuando me acoge en ellos, me siento tan segura que se que mi inesperado héroe ha llegado.
-Gracias –consigo responder tímidamente.
-¡No te preocupes! –me responde animadamente, contento de romper el incómodo silencio inicial- Y bueno... ¿cómo te llamas?
Y así nos conocemos. Él me dice que se llama David y que es un pequeño escritor. En el resto de la conversación se dedica a hacerme reír y a intentar que me olvide de mi pierna. Me parece tan agradable y amable que consigue su propósito.
En el hospital, permanece a mí lado todo el tiempo, como un guardaespaldas. Y, llegados a este punto, que este a mi lado no me hace sentir incómoda, simplemente protegida.
Al parecer, me he hecho un esguinze. El médico me dice que, a estas horas, es mejor que pase la noche en el hospital. Cuando se va, me giro para despedirme de David.
-David... gracias –le digo- Siento haberte molestado. Ahora que estoy bien, puedes irte a casa.
-¿Es que acaso rehusas mi compañía? –bromea- No tengo nada más que hacer, así que me quedaré a tu lado, protegiendote. Es lo que mejor se me da, ¿no?
-Sí... –murmuro debilmente.
-Ahora duerme, debes de estar cansada.
Mientras me tumbo y me giro para el lado opuesto, el me coge del pelo y empieza a acariciarmelo. Mi primer pensamiento es apartarle la mano, pero ha medida que pasa el tiempo, me siento a gusto, porque se que si esta a mi lado nada puede hacerme daño.
Hay un par de faltas, pero en general bien.
ResponderEliminarTienes que exprimir tu capacidad narrativa. Y, sin acritud, no te dediques a escribir relatos únicamente de una pobre e inútil chica a la cual le pasa algo y aparece su héroe. Tsk, monótono...
Tampoco hagas sólo un personaje(héroe, cazador, soldado...) que aparece en el campo de batalla y/o similares.
De todos modos, eres una escritora de p*** madre.
PD: Publica la novela.
Vale vale vale. ¿De que vas? Ya he visto otro comentario tuyo corrigiendo de nuevo a esta muchacha. ¿Y que si no te gustan sus gustos? Escribeme un relato igual de profundo y podremos hablar de si va bien o mal. Mientras tanto, callate. Deja a esta chica tener su propio estilo y que nadie la presione.
Eliminarsimplemente me encanta.
ResponderEliminarJajajaj... Me alegro mucho! Escribo para mí y para vosotros y que me digan un "me gusta" me alegra todo el día. Ahora escribire relatos de otro tipo de emociones (ira, rabia, venganza) y así escribo un poco de todo. Mucha gracias otra vez!
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