Buenas lectores! Que tal va el verano? Aquí os dejo mi relato!
"Me despierto dolorido. O quizás asustado, porque estoy atado a una silla y encerrado en una habitación estrecha, oscura y cuyas paredes están llenas de humedad. Hay varias cámaras, todas apuntandome, vigilandome. Pase lo que pase, se que no será nada bueno.
El silencio reina en la oscuridad.
De repente, la puerta se abre y aparecen dos figuras. Una se apoya a la pared y enciende un interruptor, mientras otra se situa delante mía. Tiene el rostro marcado por varias cicatrices, el pelo negro y grasiento y su boca traza una mueca.
Al principio no lo reconozco, y lo clasifico en “uno más de un montón”. Pero luego, mientras se va acercando a mí con una mirada amenzante, se perfectamente quien es...
-¡Has ven...! –pero las palabras se cortan en mi garganta. Mi hermano, mi hermano mayor, me golpea con tal fuerza que poco me falta para caer de la silla en la que estoy sentado.
Mi hermano. Un sucio traidor.
Intento vencer el dolor y las lágrimas que empiezan a deslizarse por mis mejillas. Me giró y fijo mis ojos en los suyos: negros, inexpresivos. Si tengo que perecer bajo su mano, me aseguraré que lo recuerde toda su vida: que todos estos recuerdos le impidan coinciliar el sueño, le persigan en una pesadilla continua, día y noche.
-Puedes parar –murmura su compañero, que vuelve a apretar el interruptor- Tienes dos minutos, antes de que vuelva a encender las cámaras.
Mi hermano se acerca y me agarra los hombros, balanceandome:
-Escuchame... –empieza, susurrandome.
Pero yo no lo dejo acabar:
-¡Me has traicionado! –le grito, escupiendo todo mi odio en mis palabras- ¡Eras mi hermano! Yo confiaba en ti, pero tú...
-¿Y que esperabas? –sisea.
-¡Pensaba que eras mejor que esto! ¡Pensaba que no eras tan estúpido como para traicionarnos! –le chillo. Intenta replicarme, pero no le dejo- Y ahora dime... ¿Desde cuando?
-Yo siempre he pertenecido aquí –contesta, dolido por mis palabras- Nunca fui un heroe, y nunca podré serlo.
-Entonces tú ya no eres mi hermano –le digo escupiendole a sus pies.
Pasamos unos segundos llenos de tensión y un silencio muy incómodo. Barajo la posibilidad de herirlo con mis palabras, pero justo cuando tengo la pregunta que le mortificará, su compañero rompe el silencio:
-Se acabo el tiempo. Ahora o nunca.
Entonces mi hermano se acerca a mi oido y me susurra:
-Esto nunca estuvo en mis planes. Nunca. –se incorpora y alza la voz- ¿Has oido? ¿Quieres hacerlo por las buenas o por las malas?
No digo nada. Solo me basta ver el brillo de los ojos de mi hermano, que me dejan ver lo mucho que odia todo esto. Y mientras me pregunta y me golpea, yo me pierdo en los ojos que alguna vez tendré que perdonar. "
No hay comentarios:
Publicar un comentario