Hola a todos! Que tal estáis? Espero que bien!
Hoy os presento un nuevo relato (que me ha costado lo mío, con todo el lío de los exámenes) que espero que disfrutéis como siempre. Por favor, comentad vuestras impresiones!
"El ángel se contempló en el reflejo de la luna, y pudo distinguir un rostro hermoso, regio, celestial. Atisbó un cabello largo que le caía por los hombros, hecho de filos de oro y unos ojos verdes brillantes. Apreció la ligera curva en su mandíbula y la palidez de su semblante.
También pudo contemplar un cuerpo alto y fuerte, envuelto en una armadura de polvo de estrellas y escamas. Por detrás, unas alas negras se plegaban y desplegaban a su merced. La piel que quedaba al descubierto –los brazos y su cuello– estaba llena de finas cicatrices pintadas de plata. Su mano derecha sujetaba una espada de doble filo.
El ángel oyó un ruido en la lejanía y supo que era el momento de liberar la batalla. No tenía miedo, pues un sentimiento tan humano no era digno de una criatura celestial como él era.
Blandió la espada justo en el momento en que unas sombras empezaron a rodearlo. Estas descendieron hasta estar en el mismo nivel que Luzbel, pues así se llamaba. Él no se molestó siquiera en moverse; la primera sombra ya se lanzaba contra él a una velocidad que habría asombrado a cualquiera.
Pero Luzbel no era cualquiera.
Descargó su espada contra la cabeza de la sombra con tal fuerza que el golpe pareció retumbar en el cielo. La segunda criatura oscura se deslizó hacia él con un hacha en mano, pero no sirvió de nada; el ángel clavó su arma contra el pecho de su enemigo, que se solidifico en forma de piedra y cayó ardiendo.
Más enemigos se lanzaron sobre él. Imparables, substituían a sus compañeros, cada vez con mayor fuerza, rapidez e inteligencia.
Por lo que parecieron horas, el ángel se mantuvo firme, mas la luz que solía desprender el sol sobre la luna empezaba a apagarse, bañándolo todo en una sombría soledad. Las sombras se abalanzaban sobre él con una fuerza brutal; los truenos y la tormenta se oían en la lejanía.
Los gritos recorrían el cielo hasta llegar a Luzbel. La impotencia y la venganza se acumulaban como nunca antes en su corazón, sumiéndolo en la soledad del que sabe que morirá tarde o temprano.
Y entonces, como pasa con los sueños acabados, el ángel cayó.
Lentamente, Luzbel sintió como la luz eterna que tantos años había portado se desvanecía, dejándolo solo con su propia esencia. También sintió como las estrellas de las que tan cerca había estado desaparecían, dejándolo sin rumbo aunque ya no había rumbo a seguir. Gritó de rabia, perdida, de soledad eterna.
Había perdido. Había perdido lo poco que tenía.
La luz se derritió, dejando pasar la oscuridad. Esta se adueñó del cielo, del mundo. No había salvación, no había más que desesperación.
Y con todas esas emociones que él había considerado humanas, frágiles y delicadas, que había despreciado como el ángel más orgulloso, se desvaneció en una onda de polvo y cenizas.
Porque él, como todo humano, también podía ser sumido en el olvido."
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