James ha sido un personaje con el que me he encariñado mucho, y espero poder seguir algún día de estos sus aventuras. Pero por ahora, lo dejaré un poco pues quiero dedicarme a otras temáticas.
Por favor, alguna duda, opinión o "¿Porque no acabó así?", ¡Comentadla!
"James despertó. Pero nunca lo había hecho de aquella manera, es decir, uno no se levanta cada día después de haber sido capturado por la oscuridad y encerrado en una... ¿Cárcel?
No había luz, de eso estaba seguro. Unos barrotes se hallaban enfrente de él, lo demás eran paredes. No quiso saber lo que habría en ellas; ni siquiera tocó las barras de acero que le mostraban el poco exterior que quedaba después del paso de las sombras –unos pocos matojos y algún árbol totalmente quemado.
-¿Aglaia? –preguntó al silencio. Pero nada. No había rastro del ángel, ni de la bestia que antes había invocado.
Entonces se le ocurrió una idea. Casi podía oir su voz diciendo: Piensa en el recuerdo y habla a través de él. Piensa en él.
Cerró los ojos y viajo hacia aquel bosque, siguió aquella música y luego observó la delicada danza del ángel. Pero había algo diferente en el recuerdo, otra figura, otra presencia. Y de repente, contactó inconcientemente con ella.
¿Donde estás? Necesito tu ayuda
Delante tuya
James abrió los ojos para encontrarse con el plateado dragón. Esta vez brillaba, quizás estaba camuflado (a estas alturas, no le sorprendería). El joven se acercó y tocó su cuello. Entonces le dijo:
¿Que sabes hacer?
Lo que sea
¿Puedes sacarme de aquí?
Una pequeña explosión y ya no hubo cárcel. El dragón movió la cabeza y soltó una bocanada de humo. James sonrio, pues aquello era mejor de lo que había esperado. ¡Un dragón a su servicio! ¡Perfecto!
Juntos recorrieron el campamento hasta llegar a otra cárcel. Esta parecía diferente a la suya; un aura de energía la rodeaba, seguramente debilitando a su prisionero. O prisionera.
Se acercó y se asomó entre los barrotes. Distinguió luz entre la oscuridad, así que no tuvo ninguna duda para saber quien era. Esta vez, susurró su nombre con acierto.
-Aglaia
James, no deberías estar aquí
-¿Que pasa? ¿Te han hecho daño?
¡Vete! Yo no necesito ser rescatada... –en su voz se distinguía agobio- ¡Era una trampa! ¡Huye con el viento!
Pero era demasiado tarde. Oyó el rugido del dragón, y sintió su frustación al ser atrapado. Su dolor, su enfado ahora también eran suyos.
Las sombras se arremolinaron entorno a él, y se unieron formando una terrorífica forma: el cuerpo y la cabeza de la oscuridad estaban llenos de bultos. No tenía ojos, más bien, no tenía marcado ningún rasgo facial. No describiré los detalles, pues si estuvierais en mi lugar, no volveriais a pensar en aquella figura. Me extenderé más en lo que siguió.
Una multitud de sombras negras aparecieron tras la abrupta figura. Un ejercito. Y entre ellos, com cara apesumbrada, se hallaba Stephan.
Falto poco para que James se derrumbase. Stephan, su amigo. Quizás los últimos días no lo había sido, quizás se había olvidado de él, dejándolo solo por la noche, sabiendo cuanto le aterraba. Pero verlo junto aquellas personas que ansiaban matarlo fue demasiado para él. ¿Le había traicionado?
Mi muerte será a manos de un héroe. Un héroe que resultas ser tú, un joven guerrero inexperto –recitó la oscuridad en la mente de James- Mejor acabemos con esto ya –y con ello, hizo una floritura con su mano (si así puede llamarse) y mandó al joven volando hacía un árbol cercano. Se oyó un crujido, y supuso que tenía un par de costillas rotas. Pero no era momento para rendirse.
Cogió el arco, cargó una flecha y la lanzó contra el enemigo. Simplemente la atravesó como si fuera niebla. Otra floritura y James sintió un dolor en el brazo; poco después descubrió un corte.
Volvió a pasar. Unos minutos más y sintió su cuerpo despedazado, cortado con miles de espadas inexistentes. No encontraba fuerzas para levantarse, ni para continuar intentando luchar.
¿Así que es esto? ¿Esto es lo que causaría mi muerte? –rió estridentemente- Borraré la esperanza que plantas en los corazones de los demás con tu muerte.
James esperó el golpe que nunca llegó. Oyó un grito de la muerte, un gemido de un moribundo. Abrió los ojos y vió a Stephan lleno de sangre a su lado. Entonces comprendió. Se había sacrificado por él.
-James...Prométeme...que...-le agarró del brazo- Prométeme que no me recordarás como el malvado... como el traidor... Y una última cosa... Mátalo... Por mí... Por todas aquellas almas que ha arruinado.
¡No! –rugió la oscuridad.
El joven reunió fuerzas donde antes no había y se levantó. Su mente vagó en la tristeza y llegó al recuerdo. La bestia estaba allí, esperándole, como siempre:
Fúndete conmigo, transfórmame. Dame el poder para derrotarle. Seamos uno.
Unos segundos después, y su orden fue cumplida. Notó un escalofrío en el cuerpo y bajó la vista para verse totalmente iluminado. Llevaba una armadura de plata, que le iba totalmente a la talla. Tenía unas caras botas –de aquellas que tanto había admirado en su tierra- y unos pantalones negros.
Su rostro estaba cubierto por una capucha oscura, del mismo color que los pantalones. Sus brazos estaban cubiertos por unos brazaletes blancos que desprendían una débil luz. En el cinturón, una brillante y elegante espada.
La hora había llegado. Era el momento de cumplir su destino.
Se lanzó hacia la oscuridad y esta vez pudo enfrentarse a ella. Ya no era una niebla inalcanzable, ahora era un ser mortal como todos. Su enemigo creó un hacha de las sombras y la lucha empezó.
James golpeó sin cesar, manejando la espada como si fuera una extensión de sus brazos. Defendía, atacaba, defendía, atacaba y así constantemente, esperando a que el punto débil de la oscuridad se mostrara y él pudiera dar fin al mal de la isla que perturbaba a los ángeles y al mundo.
Fue golpeado por el hacha y sintió el dolor de la muerte. Pero no había lugar para la lamentación. Atacó con más fuerza, más esperanza, hasta que golpeó y la oscuridad se derrumbó. Cayó al suelo y lanzó un rugido tras otro. Una parte de él se desfragmentó, y James no dudó en golpear de nuevo. Sin piedad, cortó su cuerpo hasta que solo quedaron cenizas y frágiles fragmentos arrastrados por el viento. El ejército desapareció al igual que su creador, y así solo quedaron Aglaia, la bestia, el cuerpo inerte de Stephan y él.
Se acercó al muerto y puso encima su mano, diciendo:
-Descansa en paz, amigo mío. Volviste al lado de la bondad en el último momento, pero volviste. Adiós.
Está en un mundo mejor ahora –dijo una voz a sus espaldas, que resultó ser la de Aglaia.
-¿Cómo has salido?
El aura que ocultaba mi magia se desconectó poco después de morir la oscuridad. Has cumplido tu destino con éxito, James Reynan. No me has decepcionado.
-Todo estaba escrito. Al fin y al cabo, el héroe debía vencer al mal, ¿no?
***
Los ángeles decidieron quedarse en la isla los años necesarios para controlar la oscuridad. No querían correr otro riesgo. Si esta se alazaba otra vez, duplicando su poder, vencerla sería imposible.
Las almas pasadas a las sombras fueron recuperadas, y al pequeño grupo se le sumaron más de una docena. En la isla se construyó una ciudad a la luz, y el aire antes cargado de miedo y agobio ahora solo llevaba pureza. James se abría quedado allí para el resto de los días.
Todavía llevaba la armadura, y ahora pasaba su vida con el dragón. La huella de Stephan en su vida cobraba su precio, y una parte de su corazón ahora se sentía vacía. El dragón simplemente hacía el papel de acompañante, un pozo donde ahogar las penas de James, que había despertado de su sueño de heroe y volvía al cuerpo del joven escritor. A veces intentaba dormir, pero la oscuridad, el cuerpo inerte de su amigo y los gritos eran imprescindibles para ello.
Aglaia también seguía a su lado. Cuando desesperaba, cuando empezaba la locura, ella estaba allí, contandole historias dignas de grandes novelas. Cada día todo era más llevadero, todo se convertía en una serie de recuerdos que pasaban al olvido.
¿Que harás cuando desaparezcamos? El Consejo dice que no nos quedaremos para siempre. Unos años, quizás. El mundo no correrá peligros hasta que pasen siglos.
-No lo he pensado, y no deseo hacerlo. Lo más seguro es que me vuelva loco, pero eso no debe retrasaros. Renunciasteis por nosotros. Es hora de que volvais a casa.
El Consejo también ha tomado otra decisión.
-¿Cual? –preguntó, pues no había secretos entre ellos.
Que puedes venir con nosotros.
James pegó un salto. La miró, sintiendose el joven más dichoso del mundo. Ella le devolvió la mirada, esbozando una tímida sonrisa.
¿Nos acompañarás, entonces?
-¿Estás de broma? ¡Claro que sí!
Y pasaron el resto del día hablando de las aventuras que vivirían, de los lugares que visitarían y de como su amistad perduría a lo largo de los siglos y los siglos...
Unas horas más tarde, mirando el cielo, brillante por la presencia de las estrellas, James pensó en todo aquello. Y en todo aquello, se refería a esa asombrosa aventura que había vivido, y todo lo que había causado. Recordó el tono agobiado de Stephan cuando estaban en un problema, su malhumor junto con sus virtudes. Su lealtad. Su risa. Vio su rostro dibujado por las estrellas, y al lado suya, sus padres y todo aquello que había perdido.
Esa noche, durmió sin pesadillas. Sintió como fue velado por aquellos recuerdos. Sintió que no debía olvidarlos nunca, en honor a su sacrificio.
Y cuando partieron, cuando visitó extraordinarios lugares que nunca podría haber imaginado, y vivió la vida que tanto había deseado...
...Descubrió que era el escritor de su propio destino"


