miércoles, 15 de enero de 2014

La Aventura de James Reynan (IIII)

¡Hola a todos! ¿Como estáis? Siento no haber podido escribir antes la cuarta parte de Las Aventuras de James Reynan, pero el comienzo del colegio me ha mantenido bastante ocupada... ¡Espero la haya valido la pena!
¡Por favor, comentad vuestras opiniones! Mi blog se alimenta de ellos y agradecería vuestra colaboración. ¡Muchas gracias!

"-Mi señor –dijo el sirviente arrodillandose ante la oscuridad, ofreciendole un corazón desgastado- Es vuestro.
La oscuridad cogió el corazón, y una vez entraron en contacto, este paso de rojo pálido a un negro carbón. Sombras se adueñaron de él y, de repente, el cuerpo del hombre revivió.
-Responde –ordenó la gran sombra- ¿Cuál es tu nombre?
-Stephan Rass
-¿A quién sirves? ¿Cuál es tu próposito? ¿Que misión te ha sido encomendada?
-A vos, mi señor. ¿Mi misión? ¿Mi próposito? Quizás mi deseo más anhelado. Matar a James Reynan, señor.
* * *
El ángel admiró la actitud decidida del heroe. La seguía atropelladamente, tropezando y murmurando torpemente, pero firme en su destino.
-¿Puedo conocer la identidad de mi guía? –preguntó con un tono común en los humanos.
Aglaia
-Sabiduría y gloria –añadió automáticamente- ¿Donde me diriges?
Antes de que llegarás, nuestro enemigo guardaba en secreto la existencía de... una bestia. Una vez el huevo que la guarda se convierta en oscuridad, ya no habrá nada que hacer. 
<<Pero esa no es la razón por la que lo conserva; si las manos de un héroe entran en contacto con el huevo, la bestia estará de parte de la luz. Esa es la única forma de vencer a la gran sombra>>
Reinó el silencio. El destino de un héroe era difícil, se dijo Aglaia, y menos asumirlo. Seguramente no sentiría el verdadero miedo hasta que no se enfrentara a aquel a quien temían.
-Y... ¿Sabes dónde está aquel lugar? –preguntó impaciente.
Sí. Por aquí. 
Lo guió hasta una oscura cueva, donde la única fuente de luz provenía de ella misma. Se aseguró que la seguía pues era sin duda alguna una trampa.
...
James observó la caverna desalentado. Si aquello ya lo aterrorizaba, ¿que iba a hacer cuando se tuviera que enfrentar a la oscuridad? Pero aquel pensamiento se desvaneció; debía salir vivo de allí, acción que daba por imposible. ¿Como iba a ser aquel lugar reinado por el silencio seguro? Lo único que le inspiraba era miedo.
Cruzó aquel supuesto laberinto con cautela aunque nada pasó. Aglaia parecía saber a la perfección los caminos seguros, aunque –razonó James- no podía hacer otra cosa que confiar en ella.
Hemos llegado 
Se detuvieron ante una gran pared decorada por distintos dibujos; la confrontación de los ángeles y los demonios, un grupo de sombras persiguiendo a humanos y luego torturandolos, el adueño de la oscuridad sobre la tierra... El joven sintió escalofríos.
Aglaia los toco con la yema de los dedos hasta que una roca sobresalió y cayó. En el agujero, resplandeciente, se hallaba una gran esfera, lo que James supuso que era un huevo.
Cógelo
Lo sostuvo en sus manos pero, a pesar de que notaba la gran cantidad de energía que contenía, el huevo no se movió. No explotó ni nada de lo que había imaginado James.
Simplemente, parecía muerto.
-No funciona –resolvió con un tono de derrota.
Escoge un recuerdo, un recuerdo que derrame pureza. Compártela. Entonces, despertará.
Y pensó. Pensó en su vida, en sus padres, amigos... Pero nada se asemejaba a la pureza que describía Aglaia. Pensó en sus escritos, pero todos tenían oscuridad.
De repente, recordó su primer encuentro con el ángel. Recordó su melodiosa voz, su hipnotizante música, la pureza que irradiaba su figura. Ninguna sombra se atrevería a cernirse sobre aquella luz.
El huevo comenzó a temblar, cada vez con más violencia. De las pequeñas grietas que se formaban, la luz escapaba e iluminaba la estancia. El joven cerró los ojos, el mundo se disipó y...
Mis manos, mi cuerpo son tuyos. Mi mente te pertenece, al igual que mi servicio. 
James abrió los ojos para encontrarse con un gran dragón. Pero no era como los dragones malvados de los que tanto había leído. Su forma era hermosa, su cuerpo era plateado y resplandecía. Sus ojos dorados lo observaban con admiración y respeto.
Piensa en el recuerdo y habla a través de él. Ahora él forma parte de ti, ahora sois uno. –le indicó Aglaia con una energía que llegó al joven.
Pero cuando cerró los ojos para adentrarse en el mundo de los recuerdos, solo vió oscuridad. Oyó gritos, murmullos y luego una voz tenebrosa que le heló la sangre en las venas:
Ya te tengo

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