martes, 19 de marzo de 2013

No lo podía creer (parte 2)

¡Aquí tenéis la segunda parte!

... Nos pasamos un rato en silencio, mirando la puesta de sol, hasta que me decido y lo miro: lleva unos vaqueros y una camiseta negra. Su cara reflejaba una expresión distante, seria. En sus manos llevaba una caja pequeña, de madera en la que estan dibujadas diferentes escenas; pertenecientes a la mitología griega.
 Sí. Ahora mismo os estaréis preguntando: ¿Mitología griega? A Nathan le encanta. Se sabe todos los dioses, heroes... ¡Es impresionante!
 Murmura algo entre dientes, algo inteligible, porque no soy capaz de entenderlo. Está nervioso, porque retuerce sus manos y no para de moverse. Quiero preguntar, pero algo me impide hacerlo.
 Yo también empiezo a ponerme nerviosa. Llevamos un buen tiempo, y no nos hemos dirigido la palabra... ¡ni siquiera nos hemos saludado! Yo no paro de mirarle, y se que el también lo hace. 
Anochece.
 De repente, se levanta atropelladamente, deja la caja en el suelo y vuelve a murmurar otra vez. Antes que me decida a preguntarle que le pasa, hace algo que me sorprende: me besa.
 Es un beso cálido, acogedor. Quiero decirle que siento lo mismo por él, pero se aparta rápidamente y se va corriendo, dejandome atragantada con mis palabras. Al día siguiente se fue, y no nos volvimos a ver.
 Y esta es la razón por la que estoy en este mismo lugar. Llevó años buscándolo, pero no he podido hacer nada. Ahora soy mayor –mi muerte se acerca- y quiero hacer algo que no se me había ocurrido antes: abrir la caja. Me acerco, la cojo y la abro. Veo un diminuto papel en el que esta escrita la siguiente palabra:
Adiós
 Me pongo a llorar, porque ninguno de los dos fue capaz de decir nada, aunque los dos sentíamos lo mismo el uno por el otro.

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