martes, 3 de diciembre de 2013

¿Acaso es malo amar lo que debe ser odiado?

¡Y he vuelto!
Este relato es bastante diferente a los que suelo hacer; es un monólogo. Nuestro personaje, cuyo nombre no es mencionado, decide enfrentarse a los dioses.
¡Aquí lo tenéis!

"Decidme, oh, dioses de todos los infinitos eternos. Decidme por el amor de todos los dioses que he hecho yo para sufrir esta pesadilla que no me deja descansar con tranquilidad, que arrastra mis sueños hasta las profundidades para hacerlos polvo, que me persigue por un laberinto llamado vida.
¿Acaso es malo perdonar lo imperdonable? ¿Acaso es malo justificar lo injustificable?
Si con justicia creeis que habéis actuado, respondedme. Respondedme y castigadme como el mayor de vuestros infieles. Pero dejad mi alma en paz; llevaoslo todo, pero dejad mi esencia atrás.
¿Es posible amar lo que debería ser odiado? ¿Es posible hablar a quien debe ser silenciado? ¿Soy culpable en creer en lo que nadie desea creer? ¿Acaso merezco la maldición eterna? Mas si es así, que adelante sea. Perderéis mi devoción por vosotros, dioses de todos los infinitos existentes y no existentes, y desearé fervormente cada minutos de mi pobre existencia que el frío que nubla mi mente y corazón sea sentido por vosotros y vuestra oscura y sombría voluntad.
Pues un día, el cielo bajará. Entonces todos estaremos en mismas condiciones. Esperaré impacientemente ese día, donde vuestro mandato ya no sera obedecido y vosotros decaeréis como nos habéis hecho decaer. Ya no seréis alzados, ya no seréis honrados.
Creedme o no creedme, pero recordad mis palabras ya que son para vosotros y nadie más.
Lo grandioso nace de lo pequeño.
¿Acaso vosotros, almas frías sin corazón, despreciais el destino?
El destino cumple sus promesas, y por todos los males que habéis traído a nuestro mundo, esta promesa será cumplida."

No hay comentarios:

Publicar un comentario